Harinas de Mallorca: más de 50 años de tradición, territorio e innovación

Hay marcas que se entienden mejor cuando se mira de dónde vienen. La historia de Harinas de Mallorca está ligada al cereal, a los obradores y a la gastronomía de la isla desde 1974.

Más de cincuenta años después, muchas cosas han cambiado en la manera de producir harina. La tecnología ha evolucionado, las necesidades de los profesionales son diferentes y nuestra gama se ha ampliado. Sin embargo, seguimos manteniendo algunos de los principios que forman parte de nuestro origen: el vínculo con Mallorca, la importancia de la materia prima y la voluntad de ofrecer una harina adecuada para cada elaboración.

Para comprender cómo hemos llegado hasta aquí hay que volver a Felanitx y a la figura de Antonio Fontanet.

Felanitx, el origen de una historia ligada al campo

D. Antonio Fontanet (1919-2021), fundador y propietario de Grupo Fontanet, nació en Felanitx y desarrolló sus primeros negocios estrechamente vinculado al sector agroalimentario balear.

Su actividad comenzó con la compra y venta de abonos y grano y la comercialización de piensos. Con el tiempo fue ampliando su trayectoria empresarial, primero con otros proyectos del sector alimentario y posteriormente con una fábrica de harina en su Felanitx natal.

Harinas de Mallorca está presente desde 1974. La propia historia de la marca nace de una necesidad que Antonio Fontanet detectó entonces: avanzar en la profesionalización e industrialización del sector de la harina.

Los comienzos fueron modestos, en una pequeña fábrica de Felanitx y en una época en la que conseguir determinadas materias y materiales no siempre era sencillo. De hecho, Antonio Fontanet llegó a desplazarse a distintos puntos de la Península para conseguir artículos necesarios para la distribución de la harina, como los propios sacos.

Aquel origen continúa formando parte de la empresa más de cinco décadas después. Harinas de Mallorca mantiene su carácter familiar y una cultura empresarial vinculada desde sus inicios al sector agrario y alimentario de las Islas.

De una pequeña fábrica a tecnología, laboratorio y trazabilidad

Mantener una tradición durante más de cincuenta años no significa trabajar de la misma manera que en 1974.

Hoy, Harinas de Mallorca cuenta con una fábrica de última generación y combina el conocimiento acumulado durante décadas con herramientas que permiten responder a las necesidades actuales de panaderos, pasteleros y otros profesionales.

Una parte especialmente importante de esta evolución son nuestros laboratorios analíticos y de panificación, preparados para estudiar y desarrollar harinas en función de las características que requiere cada elaboración.

Esta capacidad permite trabajar con una gama diversa y también desarrollar harinas adaptadas a necesidades concretas. La harina deja así de entenderse como un único producto: fuerza, cereal, extracción o tipo de molienda pueden cambiar considerablemente su comportamiento y determinar para qué elaboración resulta más adecuada.

A ello se suma otro aspecto fundamental del proceso actual: la trazabilidad. En Harinas de Mallorca realizamos un seguimiento de nuestras materias primas desde el agricultor hasta el producto final terminado.

La tecnología también forma parte hoy de la identidad de la compañía. Harinas de Mallorca combina las harinas de siempre con sistemas actuales de producción y control, manteniendo esa convivencia entre tradición e innovación que ha acompañado la evolución de la empresa.

Más de 50 años después, Mallorca continúa formando parte del producto

Hay un elemento que permite conectar la pequeña fábrica de Felanitx con la Harinas de Mallorca actual: el territorio.

Actualmente, compramos el 90 % del trigo que se produce en Mallorca, una cifra que refleja la estrecha relación que mantenemos con la agricultura de la isla.

Ese vínculo convive hoy con un catálogo mucho más amplio, pensado para responder a elaboraciones y formas de trabajar muy diferentes. Nuestra gama incluye harinas blancas de distintas fuerzas, integrales, morenas, de Xeixa, centeno, espelta, ecológicas, maíz o molidas a piedra, entre otras referencias.

Es una evolución que permite mantener productos estrechamente ligados a la tradición panadera mallorquina y, al mismo tiempo, responder a nuevas necesidades de los profesionales y de los hogares.

Más de cincuenta años separan aquella pequeña fábrica de Felanitx de las instalaciones y laboratorios con los que trabajamos actualmente. El contexto ha cambiado y también lo ha hecho la manera de producir harina. El vínculo con el cereal, con los profesionales que lo transforman y con Mallorca sigue formando parte de nuestra manera de entender el oficio.

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